jueves, 27 de diciembre de 2012

Capítulo siete

Ojos Blancos

El niño llegó con un ramo de flores de tres pétalos, blancas como sus ojos y recién cortadas. Entró a la modesta morada, hizo tal silencio que ni el noctámbulo de Akron pudo percatarse de sus pasos. Se dirigió al cuarto de Piome, estaba dormido con su fimmo en brazos. Le dejó las flores a un costado, recitó un pequeño muror* y salió para no molestar.

Entonces se tropezó con una chica que no conocía.

_ ¡Fíjate por donde vas enano!

_ Lo siento, no la sentí detrás mío.

La gruñona de Hekat al estar recién levantada no se dio cuenta que el chico no era de sus compañeros, por lo que no tuvo el tacto de ser educada. El joven de cabello oscuro se fue hacía otro cuarto, el de su madre, se acercó con cuidado y le tocó la mano.

_ Mmm....¿Othan? ¡Othan! - la anciana se levantó eufórica y lo abrazó con locura.

_ Ya Mamma, yo también estoy feliz de verte, bueno es un decir.

_ Ay mi hermoso fimmo, ¿cómo llegaste?

_ Seguí el camino que me contaste en tu última carta. Le dejé unas flores a Piome, ayer hubo una ceremonia en el templo de Tov por Dathin.

_ Era de esperarse, fuera de sus errores era de las mejores y más fieles gumans de todo Pir. Ayúdame a buscar mi bastón y cocinaré algo para recibirte.

_ Tu bastón, ¿dónde lo dejaste?

_  En la pared a tu espalda, a la izquierda.

_ Bien.

El joven ayudó a su madre, en un roce tocó sus piernas, dándose cuenta de lo poco que le quedaba para que ya no pudiera caminar. Era hora de que terminara de entrenarse para poder estar con ella. La mujer se levantó con una sonrisa, pese a la inesperada muerte, la vida debía seguir y de así serlo, seguir con alegría. Junto con Maile, que ya conocía de sobra al pequeño fimm, prepararon el desayuno. Al llegar los demás la mayoría se preguntó por el extraño joven de ojos ausentes.

_ Es mi único fimmo, Othan.

_ Es un placer conocerlos. -saludó cortés.

Todo lo miraron con atención, lucía tan joven para ser hijo de una anciana como Samma, que nadie lo podía creer. Mientras comían, Hekat, la hermosa pero bruta fimm pidió a Othan por un poco de arsit*.

_ Ya te lo alcanzo, ¿dónde está?

_  Frente tuyo, estás ciego o qué.

_ En realidad sí lo estoy. -volteó hacía ella con un ceño poco amigable.

A la joven se le abrió la boca de vergüenza y además se ensució toda la ropa con agua de manzana, Piome abrió los ojos como pocas veces lo hacía. Akron se golpeó la frente con la palma de la mano e intentó salvar la comida.

_ Muy bien, muy bien, el arsit está frente de ti del lado izquierdo. Hermano no te enojes, a los demás no se sorprendan, Samma dame más comida que me levanté con hambre.

El desayuno siguió como si nada, claro, el líder había hablado y nadie osaba contradecirlo. En ese momento, el agudo tacto del alfa percibió que faltaba alguien. Terminó de comer, se levantó en silencio y fue a su cuarto. La vio acostada, mirando el techo, dio unos pasos, ella abrió los labios.

_ Recuerda que soy sordo Juva, no te entiendo si no me miras. -dijo arrodillándose a su lado.

_ Cierto, perdón. Ven siente esto.

Entonces le tomó la mano y la colocó sobre su vientre. El hombre sintió impresión primera vez en su vida, algo empujaba su mano con fuerza. Una emoción desconocida recorrió su cuerpo. Cuando se topa con unos ojos de esmeralda tan bellos como los de alguien que había conocido. Su alma se quiebra un momento, intenta no sentirse así, intenta ocultarse pero no puede.

_ Me tengo que ir.

Se levantó, tropezó más de una vez y dejó la casa con apuro. Comenzó a respirar agitado, empezaba a ahogarse como le solía pasar cuando pensaba en ella. Como si de una cadena se tratase, sentía una presión agobiante en el cuello. Maile llegó a verlo, cuando lo tomó en sus brazos, con un dulce gesto tomó su rostro y lo calmó con suaves palabras. Sintió su abrazo, cálido y tembloroso. Los jóvenes se sentaron sobre la hierba, la fimm lo recostó en sus piernas y acarició sus enrulados cabellos con lentitud.

_ El aire es tu enemigo últimamente, ¿es esa mujer verdad? Ella y su fimmo, sácala de aquí estoy más que segura que le darán buen asilo en las gumans.

_ ¿Por qué no vas tu con las gumans? Sabes más que yo que esa mujer ha sido atacada por los mismo que nos echaron a la muerte. Sabes que si la anuncio como "encontrada" estará "desaparecida" apenas sea vista por los Superiores.

_ Perdóname, no soporto verte sufrir, lo sabes.

_ Te entiendo, jamás podría volver a verte como aquella noche.

_ Tranquilo, eso ya quedó muy atrás.

_ No, te veo y es imposible no recordarlo.

La chica se levantó, tocó su cuello sin poder ir más abajo de sí, se cubrió con su cabello y desapareció entre los árboles.

_ Maile. -llegó a murmurar mientras la miraba triste.

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Un hombre a orilla de un delgado río se mojaba la cara por el calor. Siente unos pasos a su espalda, voltea y ve a dos personas iguales frente a él, los ojos azules de ambos lo desconcertaban a veces.

_ Piome queremos decirte que deberías ir a ver tu fimmo, no parece estar muy bien. -dijeron al unísono sin sentimiento en sus rostros.

_ ¿Ermos?

El hombre sale corriendo sin decirles nada. Los gemelos se quedan mirándose y entonces se toman de las manos. Se aseguraron que no hubiera nadie cerca, para tener algo de intimidad.

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Samma sostenía al pequeño niño en sus brazos mientras intentaba por todos los medios hacer que tomara algo de la leche de cabra que le había conseguido pero nada hacía que comiera. La anciana ya estaba muy cansada para seguir con esa criatura.
Akron deja descansar a la ter un rato y toma al niño, lo mecía e intentaba hacerlo comer. En eso Pio se lo saca de encima, cansado de escucharlo llorar, más aún porque sabía lo que el niño necesitaba y no había nadie que pudiera con ello. Hekat estaba a punto de tirarle con una cadena cuando entre Juva a la habitación con cara serena.

_ Dame a Ermos, por favor Piome. -le pide de forma amable.

El hombre lee su pensamiento, y sin más esperanzas y sólo por calmar a su hijo se lo da con cuidado. La ter lo toma con dulzura, se sienta en un rincón y se levanta la remera. Acerca su pecho al pequeño y este se le prende con desesperación. Tardó un tiempo pero gracias a la perseverancia del niño, éste comenzó a comer de vuelta lo que mejor le hacía, la leche de una madre.
Hubo un silencio acogedor esa noche, mientras la mujer de tiernos ojos arropaba a un fimmo que no era suyo, pero aún así lo sentía como tal.

Piome se fue a fumar un paja de hin* mientras pensaba.

_ Al final no era tan mala idea tenerla aquí, ¿verdad? -dijo su compañero de hines*.

_ No, Akron estaba equivocado, no sé cómo le podré pagar.

_ Están a mano, Dathin la salvó de morir. Cabeza de limón, todo irá bien, ella es una buena ter y es seguro que cuida de tu fimmo con genuino amor.

_ Eso espero, cabeza de oveja. Estoy hasta la coronilla de sueño.

_ Ve a dormir, de nada sirves cansado, yo haré vigila con Maile y Nilo.

_ Tu también deberías descansar.

Piome se fue sin más, dejándole lo que quedaba de su hine a Akron. En eso Maile se va a su lado y espera a que le diera una calada a la paja para tomarlo del mentón y aspirar el amargo humo desde la boca de él.

_ Eres todo un caso Maile.

Llegó a decir él al separarse mientras el ocaso ocultaba su sonrojo.

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Estaban a punto de irse a dormir, cuando se siente un golpe desde el pasillo que conectaba la cocina con la salida de atrás. Muchos se asoman a ver, era Othan que se había tropezado. El primer impulso de  Piome y Hekat fue ir a ayudarlo, pero entonces Samma se levanta y con un mirada seria les dice en voz baja.

_ No lo ayuden. -levanta su voz- ¿Hijo te lastimaste?

_ No, ya me levanto mamma. -dijo el chico tranquilo mientras tanteaba el piso y se levantaba solo.

El chico llegó donde ellos, se sacudió las manos y les dijo a los demás:

_ Es mejor que me traten como si no fuera ciego, me ubico bastante bien y no necesito que me ayuden más que con las cosas pequeñas que no llego a distinguir donde están. No te enojes con ellos mamma, será hasta que se acostumbren.

Othan no quería que le tuvieran lástima, había aprendido a cuidarse solo, a no tener miedo por caerse o perderse. Aunque entendía que para los demás era difícil no querer ayudarlo, porque aún no había nacido ciego cuando perdió la vista se sintió un inútil de verdad.
Había algo especial en él, algo que sólo su madre sabía.

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muror*: rezo de palabras en la lengua de los Celes.
arsit*: condimento de color azul, muy picante, se usa para carnes.
hin*: es una hoja cuyo humo relaja o revitaliza el cuerpo de quien la aspire, depende de la forma en que se prepare. Su color es amarillo y suele molerse, envolverse en tallos finos de árbol para poder fumarse.
pajas* o hines*: son los hin preparados para ser fumados.

XD Si ya sé....se fumó una paja, no jodan jajajajaj

viernes, 23 de noviembre de 2012

Capítulo seis

Carta púrpura

— Mi niño, sé muy fuerte. — dijo la madre a su fimmo mientras lo arropaba.

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Hacía muchos años en una Sin nació una niña con grandes talentos. Su nombre fue Dathin, como la entidad de la sanación y tal cual era de esperarse se convirtió en una de las guman con mayor prestigio en toda la inmensidad de su tierra. Sus ojos eran tiernos, como las nubes y su piel era del color de los árboles jóvenes. Nada la detenía en su labor, excepto su padre, quién desesperadamente le buscaba un pretendiente digno de tal tesoro como era considerada. Ella no quería a nadie, había nacido como un alma solitaria y arisca.
Entonces fue que apareció él.

Uno de los guerreros más prestigiados de toda Pir, "La Parca". Su especialidad era la doble guadaña, la segunda arma más difícil de dominar. Además que nunca había fallado en ninguna encomienda y era uno entre mil, todos lo admiraban y él de temple modesta era un ejemplo casi perfecto.

Ya llevaba dos esposas, ambas murieron a su debido tiempo. Pero como los hombres viven cuatro veces más tiempo que las mujeres, el gran guerrero seguía en pie y joven. Jamás había concebido hijo alguno con sus esposas, así que en su búsqueda por una nueva cientos de muchachas cruzaron por su camino. 

Su nombre, Piome, significaba "dormido". Toda su vida había pasado con la misma expresión de calma, como un sonámbulo se paseaba por las calles, cargando su arma en su espalda como si de un juguete se tratara. Nada nunca llamó su atención, sólo hacía lo que le pedían y no pretendía mucho de nadie.
Hasta que un día la vio, la única cosa que alguna vez quiso poseer, aquella mujer...Dathin.

Es más que predecible lo que ocurrió después de eso, apenas si Piome pidió por la mano de la misteriosa fimm a su padre, éste aceptó sin siquiera consultarlo con su hija. Todo Pir celebró su unión, uno de los guerreros más respetados, una de las gumans más habilidosas, no había en todo el Artef una pareja con mejor augurio que ellos. Pero nada era como aparentaba, Piome y Dathin jamás pudieron llevarse bien, la bronca que descargaba ella en él por su arrebato y los mil y un intentos del joven por conquistarla no ayudaban a que pudieran siquiera ser amigos. Tanta fue la presión entre ambos, que sus encuentros eran forzados, llenos de resentimiento y casi siempre terminaban con la dignidad del otro. 

Fue así que ambos se llevaron a la perdición por su incomprensión. En una misión de recuperación de información, en medio del enfrentamiento uno de los enemigos quedó gravemente herido. Al ganar, ese pequeño niño quedó a su disposición, en cuando Piome iba a ejecutarlo como correspondía Dathin lo detuvo y le pidió por que la dejara atenderlo. Todos los hombres del Grim pusieron en duda la determinación de su líder y hasta qué punto su fimm lo podía dominar. Y Pio como siempre, cedió a la petición de su esposa, sin pensar nunca en las consecuencias.

Al llegar a la cámara de prueba, Piome tomó toda la responsabilidad, bajo la falsa excusa que su fimm estaba esperando un hijo y no podía afrontar ningún castigo en ese estado. Dathin a pesar de saber que estaba mintiendo, no dijo nada al respecto. Después de ello, la joven cuidó de su maltrecho esposo, que gracias a su buena reputación tuvo una pena menor. Ese mismo día le juró que tendría un hijo en agradecimiento por su sacrificio.
Pio insistió en que él deseaba que lo quisiera como él a ella, pero la fimm no cedía y su voz era honesta cuando decía que nunca llegaría a amarlo.

Así fue que llegaron con Akron y los demás, también fue como Ermos fue concebido. Aunque meses después de que Dathin quedara embarazada, tuvo un sueño, una visión de lo que sería su muerte. Desde entonces volvió a distanciarse de Piome, para que no se encariñara con ella, pronto llegaría su final. Necesitaba dejar algo a su pequeño fimmo, un recuerdo de ella, por lo que escribió cien cartas para cien cumpleaños.

Pasó el tiempo y al recibir la carta, supo que su fin había llegado. Como fiel seguidora de Tov aceptó su destino, no dijo nada a nadie y sin más los dejó para nunca más volver.

Las encomiendas púrpura, son de recuperación de gemas de maia, el problema era que éstas podían ser infectadas con malas maias producidas por las personas que las llevan consigo. Muchas gumans se lastimaban al tomarlas, otras como un veneno las drenan de a poco, y las más letales, absorbían el alma de quien las tocara y las destinaba al encierro eterno, a menos que se partiera la gema. Lo cual nunca ocurría pues se necesitaban para mantener la energía de la Sin, pero a cambio se sacrificaba una vida.
A Dathin le tocó una de éstas, dejó un cuerpo inerte y vacío, mientras que desde su prisión podía sentir los llantos de su niño. La guman lloró.

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Al recibir la noticia, todos en la frontera entraron en pena por la joven ter, mientras que su esposo lo único que hizo fue tomar en brazos a su fimmo. Lo llevó a las afueras, bajo la dulce luz de Jun Mi y allí, con él, la Parca lloró en silencio.
Jamás lo había amado, pero él aún la amaba, así que juró proteger lo único que de ella quedaba...a Ermos.

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Esa noche no hubo peleas, ni gritos, ni reclamos, esa noche Tov lloraba por su ter perdida.

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A la mañana siguiente, llegó un fimm a ver a su madre.

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sábado, 6 de octubre de 2012

Capítulo Cinco

Extrañas

Le enseñamos a acomodarse a nuestro grupo, le preguntamos por su posición, si recordaba algo, pero nada, ni siquiera se familiarizó con ningún instrumento de ninguna especialidad. Esta mujer era extraña por demás. Lo único que noté en ella fue que conocía las oraciones de las guman, pero no era nada hábil en el control de la maia*.
 No la entendía, lo mismo, en el estado que estaba no podíamos pedirle mucha ayuda tampoco. La dejamos con la condición que acompañara a Samma y mantuviera la base ordenada. 

 Un día comenzó a mirarme, a mirarme cuando no le prestaba atención, o supuestamente no lo hacía. Me parecía llamativo, así que hablamos, le hablaba cuando la veía muy callada, cuando no tenía trabajo que hacer, cuando tenía un espacio de ocio. Hablamos. Tenía unos labios interesantes, se sonroja cuando la miraba tan fijo como suelo mirar, debe ser que aún no le dije que soy sordo. No se lo quiero decir, no quiero revelar esa parte de mí aún.
 Era una mujer dulce, de movimientos suaves y cuidadosos. Un noche mientras la veía dormir a la luz d una vela casi consumida me di cuenta. Una brisa apagó la luz y yo entré en la oscuridad.

 ¿Qué podría haber hecho una criatura? ¿Cuál sería su crimen?

 Sin pensarlo, sin querer pensarlo, abrió su mano como garra. ¿Y si le mentía?¿Sí sólo actuaba para traicionarlo? Sería muy fácil matarla en ese momento, sólo tendría que fijar su vista y...

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— ¡No!¡No!¡No! ¿Por qué no la matas? —comenzó a lamentarse el deamo lúgubre y decaído, comenzó a escupir sobre sus manos— Lo lamentarás, lo lamentarás.

Una ase la miraba con desconcierto.

— Deamo, ¿qué tienes contra esa vida?

— La quiero a mi lado.

— Pobre, te has perdido. —el bello espíritu la envolvió entre sus varios brazos y se quedó cuidándola.

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— Fimmo, tendrá un fimmo, no puedo matarla.

Guardó sus garras, se sintió extraño, estaba teniendo muchos pensamientos oscuros últimamente. Se acostó en una hamaca precaria que había armado y se acostó mirando a la mujer. Un extraño recuerdo iba y venía en su mente.

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Maile llegó con apuro y levantó a Akron casi tirándolo a rastras por el cuarto. Fue en silencio, pero en un silencio perturbado. El hombre apenas si llegó a despertarse cuando la sintió a su compañera, al reaccionar se levanto y puso en posición de pelea pero entonces sólo recibió un beso.

— ¿Qué sucede? —le preguntó extrañado de su actitud.

— Es Jun Hite*, Akko. —se le acercó y lo tiró del brazo a su habitación.

Una vez dentro él la miraba tranquilo, se sacó la camiseta y sólo se dispuso a satisfacer a su amiga. La tomó por los hombros para besarla con cariño. La joven de ojos grises se deslizó por su cuello y lo olió bien. Siguiendo la tradición ella le lamió la mejilla y él mordió suavemente su cuello. Después sólo se dejaron llevar por el instinto.

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Un par de respiraciones agitadas se sentían en el ambiente, ese día, tan esperado para algunos era sólo una mera excusa para otros. La luz de la luna los iluminó, el joven se levantó de encima, ella se volteó para abrazarlo y se quedaron en silencio. Entonces sienten culpa.

— No deberíamos hacer esto Nila.

— Tienes razón hermano, lo siento. —se culpó sin más.

— Tranquila, no importa, no lo volveremos a hacer.

Y sin embargo, siempre pasaba.

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Samma estaba junto a Piome vigilando, él porque era su turno, ella porque no tenía ánimos de escuchar "ruidos molestos" por toda la casa. Estaba sentada a su lado, mientras éste atento con su doble guadaña a mano. Lucía distante, como siempre pero triste también.

— ¿No deberías estar con tu Ter una noche como esta?

— Mi Ter, dudo que sea así, no quiero forzar más las cosas. Ya me cansé de pelear.

— Ya veo, eres un hombre muy calmo, seguro te darás cuenta.

— ¿De qué Samma?

— De lo que debes hacer con Dathin. —le sonrió y palmeó su espalda con cariño.

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A la mañana siguiente, con el suave despertar de Jun Mo los habitantes de la pequeña casa se levantaron. Akron estaba tan relajado, que se quedó dormido hasta casi la hora del almuerzo. Juva fue a despertarlo, con alegría entró cantando al cuarto y tomándolo cariñosa por el brazo lo llamó para que se levantara.

— Vamos Akko, debes levantarte para comer, Samma y yo preparamos algo especial para hoy.

El hombre desorientado y semivestido, creyó que esa persona a su lado era su amiga, entonces se levantó y la acercó a su pecho mientras decía:

— No te preocupes, ahora estoy mejor.

Cuando la soltó y vio que era Juva se rostro se puso rojo por completo y soltándola sólo bajó la mirada y nervioso después de mucho tiempo musitó:

— Lo siento, emm, yo creí que eras Maile. Yo no tenía tu consentimiento, lo siento, no quise hacerlo.

Antes de que siguiera con su innecesaria disculpa, la mujer lo envolvió en sus brazos y se dejó respirar sobre él un momento. El calor de ella contrastaba tanto con la naturaleza de él, las leves caricias de sus manos sobre su espalda, Akron después de mucho se sintió querido. Se sonrojó, como hacía años no lo hacía. Al separarse de él, la mujer lo miró sonriendo. Se levantaron y fueron juntos a almorzar.

El joven no tenía idea, que desde ese momento su vida había cambiado.

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Las cadenas se le resbalaban de las manos.

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  Dathin recibió una carta, una carta de color púrpura, ella con todo lo que significaba aceptarla la contuvo en sus manos y la abrió. Un pedido de esa altura era algo que sólo ella podría llevar a cabo. Lo comentó con el Art Teh, y una noche así como dio aviso salió.
 Nunca más regresó.

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Maia: energía, aquella que es controlable, el arte de las gumans.
Jun Hite: Noches sin lunas.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Capítulo Cuatro

Tres Días

Soñaba con un mar, un mar tan inmenso que llega desde mis pies hasta el horizonte mismo. No estaba asustada, no me movía, sólo estaba en medio del agua, como si flotara sobre ella. Una fría voz, de un ser extraño comenzó a amenazarme. Decía: No te acerques a él, no te atrevas.
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Abrió los ojos, apenas si notó algo extraño en su mano. Se volteó para ver, notó a un hombre acostad (más bien tirado) al lado de ella. Estaba sosteniendo su mano, lo soltó con cuidado y trató de levantarse. Cuando sintió dolor en sus brazos y su abdomen. Al mirar sus herida, aún cuando estuviera casi sanas sintió el miedo de nuevo y su mente se nubló, se perdió para evitarle más sufrimiento. Y quedó en blanco.
Apenas si  tocó la cabeza de aquel que la acompañaba y le preguntó:

— ¿Dónde estoy? ¡Hey! ¡¿Dónde estoy?! —vio que no la oía y se irritó.

Lo zamarreó hasta que éste se levantó sobresaltado y enojado. Se volvió a tirar en el piso pero esta vez con los ojos clavados en ella. Alzó una ceja en forma de molestia y le preguntó:

— ¿Ya despertaste? No tenías que despertarme, la verdad que es molesto...¿cómo te sientes? —se pasó la mano por su nariz como forma de despertarse.

— Bien, ¿dónde estoy? —dijo muy confundida al ver a un hombre actuar de esa forma tan suelta con una mujer.

— Pareces algo recia, no importa. —dio una pequeña queja y se sentó mientras se revolvía el pelo.  Movió sus orejas, y luego con sus ojos le dio una señal de una falta sueño total— Te encontramos en las ludas, estabas herida. Te traje aquí, soy el líder Arf Teh de este Grim. No te preocupes estarás bien por ahora, nuestra guman pudo curarte a tiempo.

Más tranquila, la mujer sólo se miró y al notar su vientre se desconcertó, no entendía nada. Su mente la estaba protegiendo, pero a cambio había robado parte de sus memorias. Al darse cuenta de su vacío el arf sólo se levantó y le dijo sonriendo:

— Ya no te preocupes, todo estará bien, descansa un poco te traeré algo de agua.

— ¿Por qué me ayudas?

— Porque no tengo razón para no hacerlo.

La mujer se sintió con ganas de llorar en ese mismo instante. Como si eso fuera lo más dulce que nunca nadie le haya dicho en su vida. Se recostó, encogiéndose en ella misma, sintiendo el olor a tierra a su alrededor.

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En la habitación continua dormían dos hermanos muy cansados de la ardua noche en vigila de las fronteras más alejadas, sin dormir ni nada sólo se acostaron a descansar uno al lado del otro como habían vivido aún antes de nacer. Cuando de los labios de ella salen unas palabras tiernas.

— Tengo frío.

— Ven, acércate quizás aún estas helada por la noche que pasamos.

— Sí, tienes razón.  —se ovilló en su pecho mientras lo abrazaba.

— Nila.

— Ailo.

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Piome estaba haciendo dormir a su fimmo con paciencia, su ter había salido con Maile a buscar provisiones y era buena oportunidad para pasar con su pequeño sin molestias. Lo recostó en las mantas, lo miró sonriendo. Tomó uno de sus pies y lo acarició con cuidado, entonces el bebé abrió los ojos y comenzó a llorar de nuevo.

— Vaya que eres torpe, lampiño.

El hombre tembló por completo al verse descubierto en tal acto y además por su torpeza de no conseguir cuidar a su fimmo correctamente. Además que la broma ya lo tenía cansado.

— ¿Qué haces aquí Akron?

— Nada, sólo pasaba por aquí y no pude resistir verte en un momento de debilidad...¿acaso tu no tienes cosquillas en los pies? Te digo que eso fue muy estúpido.

— Ya cállate, niño.

— Viejo.

Comenzaron a mirarse con esas miradas asesinas que de poder cortarían un árbol entero. Entonces entra Hekat al cuarto y levanto las cejas despreocupada dice:

— ¡Estoy cansada de escuchar llorar a ese crío! —lo levantó con de forma brusca y comenzó a sacudirlo— ¿¡Pero que te pasa que lloras tanto?!

Ambos hombres olvidándose de su pelea al ver el cruel trato que tenía esa supuesta fimm sobre el pequeño se levantaron casi al unísono y se lo sacaron. En cuanto se dio cuenta Akko se lo tiró encima y disimulando su preocupación acotó:

— Será mejor que lo vigiles, dejarlo cerca de esta loca no es bueno.

— Tienes razón, ahora mejor lo vuelvo a dormir. —comenzó a mecer a su hijo mientras echaba a los intrusos con la mirada.

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Habían pasado tres días desde que la habían encontrado, en medio de la deliberación. Akron, el líder; Maile la Primer estratega; Dathin la Guman y Piome Segundo al mando estaban deliberando qué hacer con ella. Entre peleas de un lado y otro a la habitación entró una mujer con más años que todos allí. Los miró y sentenció sin más.

— He hablado con la joven, que desde ahora la llamaremos Juva. Debe quedarse. ¿Alguien se opone?

Nadie hizo ni un suspiro, ni siquiera Piome atentó contra su parecer. Ella era aún más decisiva que mil y un jueces de Alto Mando juntos. Así que...la mujer se quedaría, Samma le había dado su confianza.



viernes, 24 de agosto de 2012

Capítulo Tres

La mujer de las ludas

Maile estaba de vigila, yo como siempre me encontraba a su lado y luchando contra mi incesante sueño.   Todo iba bien, no había movimiento, ni luces, ni olores, ni nada que nos indicara algún peligro. Entonces Nilo, el mayor de los gemelos, sale del refugio y  al alzar su nariz comienza a sentir un aroma particular. No pudimos llegar a preguntarle que ya estaba corriendo sobre las colinas hacía las fronteras de nuestro territorio.
Fuimos detrás de él gritándole que se de tenga, que un Luda podría lastimarlo pero no nos escuchaba. Me adelante a Maile corriendo en la primera fase de mi potencial. Tomé al rubio de los hombros y lo zamarreé para que reaccionara. No dijo ni una palabra, sólo levantó su mano señalando. Voltee mi vista y la vi.
Estaba cubierta por hojas, como un abrigo a esa umma de frío y desolación. Fui a su lado y una rama se enredó en mi brazo. Me tiré hacía atrás cuando veo a un Luda muy herido a mi lado.

— Cuídala, por...—se desmayó sobre mi.

Sentí los pasos de los otros dos a mi espalda cuando me acerqué al helado cuerpo de esa mujer. Le tomé el rostro y sentí su respiración sobre mis manos. La levanté con cuidado cuando al sentir su vientre me percate de algo que me dejó atónito un momento. Antes de decir nada comencé a correr con ella en mis brazos.

— ¿¡Qué ocurrió Nilo?! —grita alarmada la ojigris a su protegido.

— Está herida. —le responde con su fría voz.

 Llegué al refugio y llamé a Dathin con fuerza. Recuerdo ver salir a Piome mientras me decía algo pero yo no le presté atención. En cuanto la encontré comencé a decirle que debía curar a la mujer que llevaba. Me colocó una mano sobre la frente y me tranquilizó para poder actuar. La recostamos sobre una vieja manta y la desvestimos. Mi preocupación era cierta, sólo me alejé con miedo.

— Ya Akko, no es mucho la curaré pronto. —levantó la vista y susurra— Maile, querida, por favor sácalo de aquí.

La joven le obedeció y tomando a su amigo del hombro lo llevó fuera. El cansado arf se sintió desfallecer al sacar de su vista a esa criatura olvidada. Samma aún con sus pocas fuerzas se levantó y lo sostuvo antes de que cayera.

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—  Ningún Sin, más que un Pir te ha hecho esto. —musitó la guman mientras sus manos trabajaban— Oh dulce niña, ¿quién tendría un deamo tan oscuro como para causarte tal daño.

Terminó con su tarea y tomando unas ropas de ella la vistió, luego acarició su vientre y sonriendo la cubrió con otras brazadas para que entrara en calor. Un leve sollozo se escuchó en la habitación. Su pequeño fimmo la estaba llamando.

— Ya Ermos, mama ya va. —dijo con su dulce voz.

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Me desperté sobre un cálido pecho, sentí su olor, me relajé y luego me levanté.

— Samma, lo siento. —le acaricié el cabello y la dejé descansar tranquila.

Apenas llegué a la pequeña cocina la mirada asesina de Piome estaba sobre mi, luego la expresión relajada de su ter consiguió que mantuviera la calma. Discutimos, claro, porqué demonios había llevado una extraña y más aún la había expuesto a su ter y a su fimmo, y que era un pésimo líder y todo lo que ya sabía no estaba de acuerdo...
Me le acerqué con respeto, mis orejas se bajaron y con mi tono neutro le respondí:

— Ustedes no están aquí por ser unos Celes, yo menos. No podía dejarla, piensa que la han abandonado, nadie se preocupara por su existencia ahora. Además si hubiera sido tu ter no la habrías dejado en esa condición.

— Nunca piensas Akron, tienes la cabeza sólo de adorno, ¿sabes lo que podría pasar si no fuera de los nuestros?

— ¿Qué nuestros? Por los nuestros es que estamos en este matadero Piome, no te preocupes asumo toda la responsabilidad de lo que pase. —desvié la mirada a Dathin— ¿Cómo está?

— Bien, la encontraste a tiempo. —hizo una leve pausa— Su fimmo también está bien.

— ¿¡Fimmo?!

Maile entró al cuarto y al oír esa palabra se quedó muda, ella una muy buena fimme pero había cosas que la sobrepasaban. Levantó las manos en señal de desagrado, se fue sin decir nada. Pasé mis manos sobre mi frente, sabía que sería un problema pero no pude dejarla sola.

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Me quedé mirándola dormir, no la tocaba, me di el placer de verla tan vulnerable como el instante en que la vi por primera vez. La traje a mi cuarto para que no molesta a Dathin y su fimmo. Vi sus labios pero no entendí nada de lo que musitaba entre sueños. Sus ojos estaban parecían cerrarse con fuerza, comenzó a llorar dormida. Mi corazón se sintió ahorcado.

— No me dejes. — llegué a entender.

— No lo haré. — le respondí mientras veía su mano con duda.

— Promételo.

— Lo prometo. —tomé su mano y me senté en el suelo esperando porque se calmara.

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Fue entonces que la llame Juva*, por las lágrimas que derramó esa tarde.    

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Juva: derivado de Jev, agua sagrada, también sinónimo de lágrimas por la leyenda del ser que creo el agua con su tristeza.


lunes, 13 de agosto de 2012

Capítulo Dos

Akron

Mi nombre es Akron, y pertenezco a la Sin Pir.

Soy el último del gran Ko* Amh, pero lamentablemente perdí mi posición hace ya muchos años. 

Nací en pleno Dint, miles de expectativas se formaron sobre mí aún antes de nacer. Al ser un fimmo, desde los 5 años comenzaron a entrenarme en el arte del combate cuerpo a cuerpo, y como todos me uní a un grupo de tres para ello.
Nuestra gente, además de dividida, lucha y defiende sus territorios, para ellos forman los Grim*, un grupo de  tres agentes (un guerrero, una estratega, y una guman*) los cuales son la fuerza mínima a concentrar en los distintos puntos de control. Somos elegidos desde pequeños por nuestras habilidades innatas y sólo a algunos se les permite ascender a un puesto superior, los Hyders*.
Pese a que tenía un buen entrenador, mi maestra en realidad fue mi tía Samma, además de que siempre la consideré mi madre por haber perdido a esta poco después de mi nacimiento. Ella me enseñó no sólo a  entrenar mi cuerpo, sino también a controlar mi mente. Su historia prefiero que la cuente ella, pero sólo diré que es una ter única en toda nuestra Sin.
 Mi Grim fue uno muy particular y polémico, mis compañeros eran dos niñas muy especiales. Una era hija de uno de los Arf más poderosos de todo el Artef, su nombre era Maile y en poco tiempo conseguió convertirse en mi mejor amiga, mi otra parte. Ella era la estratega, especializada en localizar, yo cumplía el rol de guerrero con especialidad en la espiga de Gou*; y por último nuestra guman, Yosué. Ella...ella lo fue todo para nosotros dos, no sólo por su papel en el grupo, su presencia y cariño siempre nos impulsó a seguir adelante. A mi, me dejó conquistado.
Pasamos años ascendiendo entre los Grim, hasta que nos convertimos en parte de la Kamij*. No buscábamos poder, sólo que reconocieran a personas que toda su vida no vivieron sino para seguir huellas ya pisadas. Nosotros forjamos nuestros caminos solos, juntos, eso queríamos demostrar a nuestra gente. Y justo cuando estábamos por demostrarlo por completo, lo estropee todo.

Una umma sin Juns, nos encomendaron una misión de obtención de información bajo cualquier precio. Todo iba bien, capturamos al sospechoso, pero al momento de hacerlo hablar vi algo en él. Era sólo un anciano, apenas si podía caminar por su cuenta, mi deamo* no podía soportar lastimar a alguien así. Lo dejé ir, sin pensarlo sólo le pedí que se fuera.
Al momento de enfrentar a los Superiores* fui honesto, les expliqué que no pude realizar la misión y asumiría toda la responsabilidad. Así fue.
Me condenaron por traición, el castigo era sencillo, doloroso e inevitable. Recuerdo que la tarde antes de enfrentar a los Superiores, Yosué me pidió que huyera, tomó mis manos y me hizo prometer que volvería con vida. Yo sólo la miré a los ojos y le confesé.

— Haré lo que pueda...pero por si te decepciono.

La tomé de la cintura, en el único impulso de mi vida, la besé con torpeza y luego corrí como un idiota pensando que no debería haber hecho eso. Nunca supe qué pensó después de eso.

Llegué a la cámara de prueba. Me entregué como cualquier condenado sin anda de qué arrepentirse. Me recostaron sobre una cama de piedras y sujetaron mis piernas y brazos. Entonces comenzaría la "redención", la traición se castigaba con dolor y pérdida. Después de los castigos físicos, llegó la condena, la pérdida. No había gritado hasta entonces, ni siquiera tenía la boca cubierta, pero entonces si me ataron una venda. Uno de los sabios levantó frente a mi dos agujas largas y negras.

— Como no sabes escuchar lo que te dicen, es inútil que conserves tal don.

Sólo temblé y al sentir el frío filo en mis oído sentí miedo por primera vez. Un dolor punzante, agudo y agonizante se instauró en mi cabeza. Mi cuerpo luchaba contra ello, pero mi mente estaba bloqueaba. Grité, grité como nunca, pero nadie pudo escucharme...ni yo mismo...

Lo próximo que recuerdo era verme en una cama, a mi lado Yosué me miraba llorando. Vi sus labios moverse, sentí sus brazos abrazarme con fuerza, más mi mundo era mudo. Su voz, como quería oír su voz en ese momento. Le correspondí el abrazo cuando veo entrar por la cuarto del cuarto a mi Samma. Se sentó a mi lado, no lloró pero si estaba a punto, me señaló su boca y la movió. Le entendí y traté de responder. Nada puede describir el hablar sin saber cómo suenas.
Mi querida amiga había curado mis heridas, pero jamás recuperaría mis oídos.
Desde entonces fuimos degradados, a lo más bajo de la fuente. Le supliqué a mis compañeras, a Samma que no me siguieran a esa humillación, pero eran más fuertes que yo y no pude hacer nada. fue así que nos enviaron a las periferias en acción de vigila. La más peligrosa misión de todas, la que dejan a los bastardos.
Allí los Grim deben ser como mínimo de seis miembros. Cómo éramos sólo cinco contando al hijo de Samma. Debimos buscar dos personas más, entonces nos enviaron a un arf y su ter, casados. Sus nombres eran Dathin y Píome, la verdad pienso que fue un enlace arreglado porque ni siquiera se hablan. Pero si fueron muy amables con nosotros, bueno, a excepción de Pío que me odia y no tengo idea de porqué...

Todo eso fue hace cinco años, pero hoy todo es distinto.

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Ko*: clan, familia, linea de sucesión.
Grim*: grupo, equipo, referido a los roles de los soldados que protegen al Sin.
guman*: curandera, quien controla y cura con energía.
Hyders*: grupo de reunión de las cinco Sins, sólo sabios y habilidosos que han probado su valor como sujetos de cambio.(juego de palabras con Hyde, esconder, haciendo referencia a que es un grupo cerrado y muy poco conocido por los habitantes de las Sins)
Kamij*: elite de la alta sociedad, de misiones y puesto superiores a cualquier grim ordinario.
deamo*: alma, espíritu.
espiga de Gou*: arma, látigo de acero flexible en cuya punta hay una punta de metal que comúnmente contiene veneno, paralizante o mortal. Pocos tienen la maestría para utilizarlo.
Superiores*: Los Altos gobernantes de una Sin, no tienen relación alguna con los Hyders, son quienes imponen las leyes y planes de batalla.

domingo, 5 de agosto de 2012

Capítulo Uno


Pequeñas crónicas de un olvido

Una madre y su hijo
 Hacía meses que estaba en cama, meses de escucharlo llorar, meses de verlo tendido como un roca sin poder moverse, ni hablar, ni reír. Samma había sufrido mucho en su vida pero nada se comparaba a ver a su pequeño fimmo* en ese estado. Se sentía impotente, inútil, culpable...
 Un zou mientras estaba cocinando escuchó un grito devastador provenir del cuarto de su hijo. Corrió hasta llegar a su lado, el niño se abrazó a ella  y llorando le pidió que lo detuviera, que detuviera el dolor que lo estaba devorando por dentro. La ter* no podía hacer nada, sólo le brindó unas suaves palabras de alivio e intentó recostarlo.
 Ese fue su límite, ella lo daría todo por salvarlo...
~ ~
 El sonámbulo
 Un joven arf* estaba al borde del colapso, sintió la dulce voz de su compañera una última vez antes de caer sobre la suave tierra a su pies. Su cuerpo imploraba descanso.
 En cuanto Maile se dio cuenta de que su amigo estaba en el suelo no se molestó ni en levantarlo. Se sentó a su lado y se quedó mirándolo, hacía meses que no veía así. Le sonrió inocente como siempre y mirando hacia el cielo susurró:

— Akko, cuando te irás a perdonar.

~~
Incierto
 Se levantó de la cama, tiró su larga cabellera hacía atrás y se pasó las manos por la espalda. Sentía un leve dolor, aunque ya era habitual. Miró por la ventana, el día estaba gris, los Jins se ocultaba de los Sins, era un mal augurio. No se desanimaría por ello, se vistió, ató su cabello y con su mejor sonrisa salió a empezar el zou.

~~
La negación
 Se acercó a ella, la cubrió con una manta y acarició su ya muy crecido vientre.

— Siempre eres tan descuidada, Dathin. —le besó la frente y se acostó a su lado.

 La ter al sentir su gesto no le respondió, se volteó y le dio la espalda. Él sin resentimiento, cedió a su pedido y también le dio la espalda.

~~
Ayuda
 Corría, debía escapar de ellos, debía salvarse. No la perdonaría, menos le creería que no fue su culpa, ni intensión el deshonrarlo de esa forma. Las lágrimas se le escapan sin dar cuenta, sus piernas eran débiles, porque era la primera vez que corría en su vida. Si volteaba sólo una vez era más que seguro que moriría. Las voces a su alrededor la confundían, no eran hombres, pero se les parecían.
 Cae en medio de un claro, se levanta con  prisa pero algo la sostiene del brazo. Siente un golpe a su agresor. Una rama que se movía sola, un voz que la llamaba.

— Niña, si quieres vivir ven con nosotros.

 Ella no tenía juicio, sólo se guió por el miedo y se dejó llevar. Llegó a un arrollo y entonces sintió unas manos sobre su rostro. Intentó escapar, pero al notar que no la estaba golpeando se detuvo.

— Calma. Soy un Sin Luda, no te haré daño. —la soltó y al ver el pánico en sus ojos se la llevó con él en la inmensidad de sus bosques ancianos— Estás en peligro, y este no es el mejor lugar para alguien como tu.

 Se ocultaron entre la hierba, los ludas callaron y aceptando la decisión de su hermano se dispusieron a defender a la joven.

~~
Profundidades
 Un bello manto de colores la acompañaba, pero su aura seguía oscura y lúgubre. La brisa de Omp intentó desvanecerla una vez más, fallando una vez más. Su lazo se había convertido en cadena, aunque no era ella la víctima, sino el victimario. Sus ojos se habían caído hacía mucho ya, su piel estaba seca como la piedra y su voz era tétrica como la de una arpía.
Déjalo ir...Regresa a Nosotros...No te quedes en el Medio....Déjalo ir...
Las bellas asem* de Omp le rogaban que se fuera con ellas a su padre, donde podría reencarnar o vivir eterna en el cosmos; pero el alma, pobre y confundida, no las escuchaba y seguía tirando de la cadena, haciéndola más gruesa, más fría. Era claro que había perdido algo al despegarse de su cuerpo.
Lo mataría.

~~
 Todos éstos caminos se cruzaron, muchos dejaron de existir y otros sufren de un eterno vagar. 
 El artef es para seres fuertes de alma.


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Significados

*Fimmo o fimme: hijo e hija respectivamente, también se usa como expresión de cariño a los niños pequeños.
* Ter: mujer, en el sentido que ha sido o será madre. Las niñas siguen apodándose fimmes, y las jóvenes o "solas" fimms.
* Arf: hombre, a aquellos que están unidos con una joven, no necesariamente deben ser padres. Los "solos" se llaman fimms como las jóvenes.
*Asem: como hadas o sirvientes de un Cele, Ase es su singular. Suelen ser las mensajeras, a veces actúan por voluntad propia pero es extraño.



viernes, 3 de agosto de 2012

Introducción

Artef Tintaj

 Dentro de poco nada quedará de nosotros, porque seremos envueltos en el fuego de la tierra, porque ella nos reclamará y como fieles que somos cederemos ante su deseo.
  Les contaré sobre el origen de nuestro existir, humanos, porque creo a ustedes les gustará escuchar historias como las nuestras y bellos cantos como los de nuestras voces. Todo comenzó con los Celes, los creadores de este Artej y de todo lo que habita en él.
 La primera en surgir y la más respetada es Tov, la madre tierra que dio vida al césped y los árboles, luego nació su opuesto y complementario Omp el cielo que dio origen al aire. De ellos nació el amor y junto con él nuevos Celes.
  Sus primeros hijos fueron dos gemelos, Jin Ku y Jin Mo, quienes se transformaron en estrellas para traer la luz y el  calor al Artef, ellos son los Celes del Zou (día). Las siguiente fueron sus dos hijas Jun Ka y Jun Mi, que se transformaron en las lunas que traerían el fresco y reparador son de la Umma (noche). Luego, ya con una energía propicia para la vida nacieron tres Celes fundamentales. Gou que se adentró en Tov y en ella se asentó como el fuego interior que la mantendría cálida y sería luego el formador de las pequeñas Islas Gouf. Su hermano, Jev que de tanto llorar al nacer creó el océano, tan extenso y cambiante como su ser. Y por último la pequeña y amada Hud que con sus largos cabellos de tres colores, blanco, verde y  naranja fue tejiendo lo que serían las estaciones: Hirben (invierno), Utah (verano) y Dint (otoño).
  Pronto los animales desde el vientre de Tov y alimentados por Jev fueron apareciendo y dominando el Artef; pero algo faltaba, un ser que pudiera pensar y crear en el mundo un poco de controversia. Todo en el universo debe ser equilibrado, aún la paz necesita de un poco de caos para existir.
 Entonces Jun Mi, la luna más brillante otorgó su belleza y sus curvas, quedando oscura y seca para crear el cuerpo de la mujer, Jev dio a ella su personalidad y temple. Y por última Tov le regaló su fuerza para que pudiera luchar a la par de su compañero.
 Jin Ku dio su intensidad y buen cuerpo, quedando anaranjado y pequeño en comparación a su hermano,  y dio forma al hombre. Gou le otorgó la voluntad y persistencia de su llama, y Omp le dio su sentido de respeto a su compañera.
 Así los Celes fueron formando miles de mujeres y hombres para poder poblar la tierra y dependiendo de qué lugar del increíble Artef les tocara vivir fueron desarrollando habilidades únicas que darían origen a las distintas Sins.
 Les explicaré, Sins es como nombramos a los seres que viven bajo un mismo nombre y reglas, que comparten un origen, un hogar y una lucha. Existen en Tintaj, cinco Sins.
 Sin Luda, los habitantes de las montañas, ermitaños y separados entre sí ellos tienen nuestra apariencia. Lo único que los diferencia es que siempre andan descalzos, hasta que un día las raíces los atrapan y se convierten en árboles. La vegetación los atrapa hasta tomar sus rostros.
 Sin Fou, las almas de las ostras, son niñas eternas que viven al servicio de Jev. Si alguien se atreve a sacarlas de las orillas del mar no sobreviven más de un día, se marchitan y se convierten en arena. Luego cuando su vida acaba, toman un último respiro y se hunden en el fondo de las aguas para nunca regresar. Se dice, reencarnan en ostras del color de sus ojos, celestes.
 Sin Dem, la tierra del fuego enardecido. Ellos tiene la piel negra como el carbón y sus ojos son del color de los rayos de Jin Mo. Viven escupiendo fuego de su interior, y compiten entre sí, sus hijos nacen matando a su madre y a su padre,  como prueba que merecen su existencia. Así transcurren su vida hasta que de tanto escupir llamas se apagan y se vuelven tierra fértil donde crecerán tiernas hierbas. Por eso a este lugar se le llama “el  paraíso fuera del averno”, todo a su alrededor es un manto de bellas plantas y suaves hojas, como si quisieran ocultar el gran infierno que hay en su centro.
 Sin Xi, donde viven los débiles, según mi gente. Las personas, mujeres y hombres de este lugar viven en cavernas, escondidos de todo y todos, son ciegos que vagan en la oscuridad recitando extraños himnos. Se dice que pueden controlar la tierra y su propósito es cavar túneles sin sentido por el interior, nadie los entiende. Ahora que lo pienso, nunca nadie trató de hablar con ellos.
 Y por último la más extensa y diversa Sin, Sin Pir, donde los verdaderos hombres viven. Es en ella que transcurre mi historia.