viernes, 23 de noviembre de 2012

Capítulo seis

Carta púrpura

— Mi niño, sé muy fuerte. — dijo la madre a su fimmo mientras lo arropaba.

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Hacía muchos años en una Sin nació una niña con grandes talentos. Su nombre fue Dathin, como la entidad de la sanación y tal cual era de esperarse se convirtió en una de las guman con mayor prestigio en toda la inmensidad de su tierra. Sus ojos eran tiernos, como las nubes y su piel era del color de los árboles jóvenes. Nada la detenía en su labor, excepto su padre, quién desesperadamente le buscaba un pretendiente digno de tal tesoro como era considerada. Ella no quería a nadie, había nacido como un alma solitaria y arisca.
Entonces fue que apareció él.

Uno de los guerreros más prestigiados de toda Pir, "La Parca". Su especialidad era la doble guadaña, la segunda arma más difícil de dominar. Además que nunca había fallado en ninguna encomienda y era uno entre mil, todos lo admiraban y él de temple modesta era un ejemplo casi perfecto.

Ya llevaba dos esposas, ambas murieron a su debido tiempo. Pero como los hombres viven cuatro veces más tiempo que las mujeres, el gran guerrero seguía en pie y joven. Jamás había concebido hijo alguno con sus esposas, así que en su búsqueda por una nueva cientos de muchachas cruzaron por su camino. 

Su nombre, Piome, significaba "dormido". Toda su vida había pasado con la misma expresión de calma, como un sonámbulo se paseaba por las calles, cargando su arma en su espalda como si de un juguete se tratara. Nada nunca llamó su atención, sólo hacía lo que le pedían y no pretendía mucho de nadie.
Hasta que un día la vio, la única cosa que alguna vez quiso poseer, aquella mujer...Dathin.

Es más que predecible lo que ocurrió después de eso, apenas si Piome pidió por la mano de la misteriosa fimm a su padre, éste aceptó sin siquiera consultarlo con su hija. Todo Pir celebró su unión, uno de los guerreros más respetados, una de las gumans más habilidosas, no había en todo el Artef una pareja con mejor augurio que ellos. Pero nada era como aparentaba, Piome y Dathin jamás pudieron llevarse bien, la bronca que descargaba ella en él por su arrebato y los mil y un intentos del joven por conquistarla no ayudaban a que pudieran siquiera ser amigos. Tanta fue la presión entre ambos, que sus encuentros eran forzados, llenos de resentimiento y casi siempre terminaban con la dignidad del otro. 

Fue así que ambos se llevaron a la perdición por su incomprensión. En una misión de recuperación de información, en medio del enfrentamiento uno de los enemigos quedó gravemente herido. Al ganar, ese pequeño niño quedó a su disposición, en cuando Piome iba a ejecutarlo como correspondía Dathin lo detuvo y le pidió por que la dejara atenderlo. Todos los hombres del Grim pusieron en duda la determinación de su líder y hasta qué punto su fimm lo podía dominar. Y Pio como siempre, cedió a la petición de su esposa, sin pensar nunca en las consecuencias.

Al llegar a la cámara de prueba, Piome tomó toda la responsabilidad, bajo la falsa excusa que su fimm estaba esperando un hijo y no podía afrontar ningún castigo en ese estado. Dathin a pesar de saber que estaba mintiendo, no dijo nada al respecto. Después de ello, la joven cuidó de su maltrecho esposo, que gracias a su buena reputación tuvo una pena menor. Ese mismo día le juró que tendría un hijo en agradecimiento por su sacrificio.
Pio insistió en que él deseaba que lo quisiera como él a ella, pero la fimm no cedía y su voz era honesta cuando decía que nunca llegaría a amarlo.

Así fue que llegaron con Akron y los demás, también fue como Ermos fue concebido. Aunque meses después de que Dathin quedara embarazada, tuvo un sueño, una visión de lo que sería su muerte. Desde entonces volvió a distanciarse de Piome, para que no se encariñara con ella, pronto llegaría su final. Necesitaba dejar algo a su pequeño fimmo, un recuerdo de ella, por lo que escribió cien cartas para cien cumpleaños.

Pasó el tiempo y al recibir la carta, supo que su fin había llegado. Como fiel seguidora de Tov aceptó su destino, no dijo nada a nadie y sin más los dejó para nunca más volver.

Las encomiendas púrpura, son de recuperación de gemas de maia, el problema era que éstas podían ser infectadas con malas maias producidas por las personas que las llevan consigo. Muchas gumans se lastimaban al tomarlas, otras como un veneno las drenan de a poco, y las más letales, absorbían el alma de quien las tocara y las destinaba al encierro eterno, a menos que se partiera la gema. Lo cual nunca ocurría pues se necesitaban para mantener la energía de la Sin, pero a cambio se sacrificaba una vida.
A Dathin le tocó una de éstas, dejó un cuerpo inerte y vacío, mientras que desde su prisión podía sentir los llantos de su niño. La guman lloró.

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Al recibir la noticia, todos en la frontera entraron en pena por la joven ter, mientras que su esposo lo único que hizo fue tomar en brazos a su fimmo. Lo llevó a las afueras, bajo la dulce luz de Jun Mi y allí, con él, la Parca lloró en silencio.
Jamás lo había amado, pero él aún la amaba, así que juró proteger lo único que de ella quedaba...a Ermos.

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Esa noche no hubo peleas, ni gritos, ni reclamos, esa noche Tov lloraba por su ter perdida.

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A la mañana siguiente, llegó un fimm a ver a su madre.

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