Ojos Blancos
El niño llegó con un ramo de flores de tres pétalos, blancas como sus ojos y recién cortadas. Entró a la modesta morada, hizo tal silencio que ni el noctámbulo de Akron pudo percatarse de sus pasos. Se dirigió al cuarto de Piome, estaba dormido con su fimmo en brazos. Le dejó las flores a un costado, recitó un pequeño muror* y salió para no molestar.
Entonces se tropezó con una chica que no conocía.
_ ¡Fíjate por donde vas enano!
_ Lo siento, no la sentí detrás mío.
La gruñona de Hekat al estar recién levantada no se dio cuenta que el chico no era de sus compañeros, por lo que no tuvo el tacto de ser educada. El joven de cabello oscuro se fue hacía otro cuarto, el de su madre, se acercó con cuidado y le tocó la mano.
_ Mmm....¿Othan? ¡Othan! - la anciana se levantó eufórica y lo abrazó con locura.
_ Ya Mamma, yo también estoy feliz de verte, bueno es un decir.
_ Ay mi hermoso fimmo, ¿cómo llegaste?
_ Seguí el camino que me contaste en tu última carta. Le dejé unas flores a Piome, ayer hubo una ceremonia en el templo de Tov por Dathin.
_ Era de esperarse, fuera de sus errores era de las mejores y más fieles gumans de todo Pir. Ayúdame a buscar mi bastón y cocinaré algo para recibirte.
_ Tu bastón, ¿dónde lo dejaste?
_ En la pared a tu espalda, a la izquierda.
_ Bien.
El joven ayudó a su madre, en un roce tocó sus piernas, dándose cuenta de lo poco que le quedaba para que ya no pudiera caminar. Era hora de que terminara de entrenarse para poder estar con ella. La mujer se levantó con una sonrisa, pese a la inesperada muerte, la vida debía seguir y de así serlo, seguir con alegría. Junto con Maile, que ya conocía de sobra al pequeño fimm, prepararon el desayuno. Al llegar los demás la mayoría se preguntó por el extraño joven de ojos ausentes.
_ Es mi único fimmo, Othan.
_ Es un placer conocerlos. -saludó cortés.
Todo lo miraron con atención, lucía tan joven para ser hijo de una anciana como Samma, que nadie lo podía creer. Mientras comían, Hekat, la hermosa pero bruta fimm pidió a Othan por un poco de arsit*.
_ Ya te lo alcanzo, ¿dónde está?
_ Frente tuyo, estás ciego o qué.
_ En realidad sí lo estoy. -volteó hacía ella con un ceño poco amigable.
A la joven se le abrió la boca de vergüenza y además se ensució toda la ropa con agua de manzana, Piome abrió los ojos como pocas veces lo hacía. Akron se golpeó la frente con la palma de la mano e intentó salvar la comida.
_ Muy bien, muy bien, el arsit está frente de ti del lado izquierdo. Hermano no te enojes, a los demás no se sorprendan, Samma dame más comida que me levanté con hambre.
El desayuno siguió como si nada, claro, el líder había hablado y nadie osaba contradecirlo. En ese momento, el agudo tacto del alfa percibió que faltaba alguien. Terminó de comer, se levantó en silencio y fue a su cuarto. La vio acostada, mirando el techo, dio unos pasos, ella abrió los labios.
_ Recuerda que soy sordo Juva, no te entiendo si no me miras. -dijo arrodillándose a su lado.
_ Cierto, perdón. Ven siente esto.
Entonces le tomó la mano y la colocó sobre su vientre. El hombre sintió impresión primera vez en su vida, algo empujaba su mano con fuerza. Una emoción desconocida recorrió su cuerpo. Cuando se topa con unos ojos de esmeralda tan bellos como los de alguien que había conocido. Su alma se quiebra un momento, intenta no sentirse así, intenta ocultarse pero no puede.
_ Me tengo que ir.
Se levantó, tropezó más de una vez y dejó la casa con apuro. Comenzó a respirar agitado, empezaba a ahogarse como le solía pasar cuando pensaba en ella. Como si de una cadena se tratase, sentía una presión agobiante en el cuello. Maile llegó a verlo, cuando lo tomó en sus brazos, con un dulce gesto tomó su rostro y lo calmó con suaves palabras. Sintió su abrazo, cálido y tembloroso. Los jóvenes se sentaron sobre la hierba, la fimm lo recostó en sus piernas y acarició sus enrulados cabellos con lentitud.
_ El aire es tu enemigo últimamente, ¿es esa mujer verdad? Ella y su fimmo, sácala de aquí estoy más que segura que le darán buen asilo en las gumans.
_ ¿Por qué no vas tu con las gumans? Sabes más que yo que esa mujer ha sido atacada por los mismo que nos echaron a la muerte. Sabes que si la anuncio como "encontrada" estará "desaparecida" apenas sea vista por los Superiores.
_ Perdóname, no soporto verte sufrir, lo sabes.
_ Te entiendo, jamás podría volver a verte como aquella noche.
_ Tranquilo, eso ya quedó muy atrás.
_ No, te veo y es imposible no recordarlo.
La chica se levantó, tocó su cuello sin poder ir más abajo de sí, se cubrió con su cabello y desapareció entre los árboles.
_ Maile. -llegó a murmurar mientras la miraba triste.
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Un hombre a orilla de un delgado río se mojaba la cara por el calor. Siente unos pasos a su espalda, voltea y ve a dos personas iguales frente a él, los ojos azules de ambos lo desconcertaban a veces.
_ Piome queremos decirte que deberías ir a ver tu fimmo, no parece estar muy bien. -dijeron al unísono sin sentimiento en sus rostros.
_ ¿Ermos?
El hombre sale corriendo sin decirles nada. Los gemelos se quedan mirándose y entonces se toman de las manos. Se aseguraron que no hubiera nadie cerca, para tener algo de intimidad.
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Samma sostenía al pequeño niño en sus brazos mientras intentaba por todos los medios hacer que tomara algo de la leche de cabra que le había conseguido pero nada hacía que comiera. La anciana ya estaba muy cansada para seguir con esa criatura.
Akron deja descansar a la ter un rato y toma al niño, lo mecía e intentaba hacerlo comer. En eso Pio se lo saca de encima, cansado de escucharlo llorar, más aún porque sabía lo que el niño necesitaba y no había nadie que pudiera con ello. Hekat estaba a punto de tirarle con una cadena cuando entre Juva a la habitación con cara serena.
_ Dame a Ermos, por favor Piome. -le pide de forma amable.
El hombre lee su pensamiento, y sin más esperanzas y sólo por calmar a su hijo se lo da con cuidado. La ter lo toma con dulzura, se sienta en un rincón y se levanta la remera. Acerca su pecho al pequeño y este se le prende con desesperación. Tardó un tiempo pero gracias a la perseverancia del niño, éste comenzó a comer de vuelta lo que mejor le hacía, la leche de una madre.
Hubo un silencio acogedor esa noche, mientras la mujer de tiernos ojos arropaba a un fimmo que no era suyo, pero aún así lo sentía como tal.
Piome se fue a fumar un paja de hin* mientras pensaba.
_ Al final no era tan mala idea tenerla aquí, ¿verdad? -dijo su compañero de hines*.
_ No, Akron estaba equivocado, no sé cómo le podré pagar.
_ Están a mano, Dathin la salvó de morir. Cabeza de limón, todo irá bien, ella es una buena ter y es seguro que cuida de tu fimmo con genuino amor.
_ Eso espero, cabeza de oveja. Estoy hasta la coronilla de sueño.
_ Ve a dormir, de nada sirves cansado, yo haré vigila con Maile y Nilo.
_ Tu también deberías descansar.
Piome se fue sin más, dejándole lo que quedaba de su hine a Akron. En eso Maile se va a su lado y espera a que le diera una calada a la paja para tomarlo del mentón y aspirar el amargo humo desde la boca de él.
_ Eres todo un caso Maile.
Llegó a decir él al separarse mientras el ocaso ocultaba su sonrojo.
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Estaban a punto de irse a dormir, cuando se siente un golpe desde el pasillo que conectaba la cocina con la salida de atrás. Muchos se asoman a ver, era Othan que se había tropezado. El primer impulso de Piome y Hekat fue ir a ayudarlo, pero entonces Samma se levanta y con un mirada seria les dice en voz baja.
_ No lo ayuden. -levanta su voz- ¿Hijo te lastimaste?
_ No, ya me levanto mamma. -dijo el chico tranquilo mientras tanteaba el piso y se levantaba solo.
El chico llegó donde ellos, se sacudió las manos y les dijo a los demás:
_ Es mejor que me traten como si no fuera ciego, me ubico bastante bien y no necesito que me ayuden más que con las cosas pequeñas que no llego a distinguir donde están. No te enojes con ellos mamma, será hasta que se acostumbren.
Othan no quería que le tuvieran lástima, había aprendido a cuidarse solo, a no tener miedo por caerse o perderse. Aunque entendía que para los demás era difícil no querer ayudarlo, porque aún no había nacido ciego cuando perdió la vista se sintió un inútil de verdad.
Había algo especial en él, algo que sólo su madre sabía.
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muror*: rezo de palabras en la lengua de los Celes.
arsit*: condimento de color azul, muy picante, se usa para carnes.
hin*: es una hoja cuyo humo relaja o revitaliza el cuerpo de quien la aspire, depende de la forma en que se prepare. Su color es amarillo y suele molerse, envolverse en tallos finos de árbol para poder fumarse.
pajas* o hines*: son los hin preparados para ser fumados.
XD Si ya sé....se fumó una paja, no jodan jajajajaj